4 ene. 2010

Madera celeste y gatos, caen uno encima del otro,
Letras esquivando martillos y cinceles,
Nácar que nada en su mar infinito,
Corro, me pregunto ¿por qué?
El cielo amaneció bajo, cosquillas en las rodillas,
¿Por qué no creo que un cielo azul pueda acercarse a mi pupila?
Me fui, te fuiste, me voy, me fueron,
Sentado en mí oreja no podía contenerme,
Lagrimas brotaban debajo de mis uñas,
Una, dos tres, cuatrocientas, un millón quinientas doce mil trece,
Y un dolor de piel, ay, dolor morado, no como espinas,
Salté, por arriba de unas casas viejas, una pierna quedo atrás,
Salté en una pierna, con estilo, con garbo,
Mirando un horizonte recién creado,
Un empeine suave allí, abajo, no pude arrojarme, no pude,
Ya pasó, ya se fue ¿se fue? No, no engañas a un delfín sin olas,
Pechos almíbar, dicen que muy grandes, no lo sé,
Estornudo satélites metálicos, orbitan alrededor de mi lengua,
No puedo decir, ¿me alegra o entristece?
¡Mago! convierte aquel arbusto en una almohada,
Preparé mi sonrisa, mis ojos lustrados a mano,
Prepare mi cuello con pequeñas vigas de madera,
Despacito, sin ruidos, después de que la luz se fuera por la zanja,
Despacito seguí, con esa palita de recoger esperanzas ¿es tan chiquita
?

1 comentario:

MaLena dijo...

Los mar.es a veces contienen infinitos nacar.es, y cuando eso sucede la esperanza se enreda en los dedos.ojos como un ballon rouge.

No es poco cosa poeta, en días de cólera tejer un sueño chiquito.

Mi reverencia, compañero.



Pd.
http://www.youtube.com/watch?v=gAjnnyinwU8&feature=related

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