29 nov. 2006

Sueño imperante, Nightmare.

El peso del dolor estaba presente, en un pedacito de ciudad demasiado oscura, vagaba yo apesadumbrado.

Con esa habilidad mágica de los sueños paso a una ciudad costera de Chile. Sé que debo regresar a Buenos Aires, es vida o muerte y no se porque.

Busco un taxi, un viejo hombre, cansado, con un auto que a veces es motocicleta me acepta llevarme. Llegamos a un callejón sin salida color verde musgo. Bajo del vehículo para ver que pasa y trepo la pared para ver mas allá, veo la playa y el horizonte, un mar marrón rojizo espeso y una ola descomunal que se va formando. Ola más que ola. Agua mas que agua. Algo sagrado, sin nombre, no visto jamás por nadie forma esta ola de ningún mar conocido.

Desesperado, le pido al hombre que demos vuelta y huyamos tierra adentro. Llegamos a un bar, corriendo subo a un pilar para ver el horizonte y veo esa ola y muchas mas que se acercan. Pavor, y no alcanza la palabra. Me tomo de una barra metalica, que vaya a saber como estaba ahí, y sobrevivo a las toneladas de agua que pasan y pasan.

La olas terribles parecen infinitas. Me sostengo. Al fin, ante una aparente quietud salgo a mirar, en el horizonte ellas están tomando fuerza otra vez, como un ejercito temible que se reagrupa.

Le obligo al taxista a seguir tierra adentro. Toma el camino muy rápido y hacemos algunos kilómetros. En un momento pierde el control y chocamos de frente contra una casa.

Solo agregare que en el fondo de esa casa había una loma bastante alta, que creí que era un buen refugio. Ya no estaba solo. Pero las olas volvieron con mas fuerza, pasaban por arriba nuestro como cielos líquidos y rojos con sonido a mil gruñidos . Mis manos con otras muchas manos se unían y resistían….

Se me acaba el tiempo y aun queda sueño.

Carlos Leiro

Perdón por el mal relato, acabo de escribirlo porque me pego mal este sueño.

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