11 dic. 2010

En cada sueño, con uniformes celestes o con manos gelatina,
Con pechos aroma a sol o soldados de espinosa lana,
Con saliva de cristales vertebrados o relojes desmayados.
Siempre está.
Ella siempre está, es mujer lo sé, me mira lo sé, ríe lo sé,
Sola y trasparente, piel espuma, sentada o parada sobre un pan,
Con sus pequeñas manos que arrancan mil labios para un té,
A veces pinta paredes con manteca y azúcar, arroz y sopa,
Ella, con colores dorados entre piernas tibias, gordas, trémulas.
A veces toma una rodilla del sueño, la muele, la saborea,
Ella, con cabellera de lápices rojos y azules, sin violeta tampoco verdes.
Sabe que la he descubierto y afila su destreza escondedora,
Arroja olvidos ardientes a mis pies pero he mejorado mis saltos,
No sabe lo que sé, se vuelve cama sin hacer o una nube de alfileres,
En cada sueño la miro unos segundos y ella hierve odios e insultos,
Tiene miedo ¿acaso he inventado para ella cada miedo de mármol?
Llenamos vasijas de silbidos y temores, ja, su rabia papel biblia,
Cuanto más invisible se vuelve más la puedo ver, y soy ciego ahora,
Hay un último beso a las almohadas, el despertar es un fósforo negro.


El ultimo intento antes de mis pestañas mariposas,
Le arrebato su luna, hoy la llevaré en mi bolsillo, ahora tú me lees, esto escribo,
Río, ella ríe también, supongo, lo que era luna son tornillos con tuercas saladas.

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