2 ene. 2011

Una rebanada de Dios se pegó a su rostro,
Intento huir de todos sus pasados, paso a paso, hacia atrás,
Dios flameaba en sus parpados, sus manos de saliva ahora,
Su lengua ardió como una vieja zarza y buscó la ceguera,
De su mentón goteaban ácidos y volaban pequeñas moscas escarlatas,
Daba vueltas y vueltas, con su traje de abdómenes silenciados,
Estiró sus dientes, los estiró más y mordió al gajo de deidad,
Dios era salado, picante, difícil de tragar, se pegaba a las muelas,
Sus orejas acudieron a rehacer aquello que se llevó la mordida,
Una erección era impensable, pero pasó y sintió culpa,
Cercenó cualquier imagen de esa parte de dios en su rostro,
No sabía que era madera la que soportaba su espalda atragantada,
Su rostro dolía más que cualquier metal que besara el hueso,
Consiguió afilar sus tiernas pestañas, oscuras, inútiles para sus pupilas secas,
Abrió y cerró los ojos mil años o más, alas de colibrí, repitió y repitió,
Solo herir deseaba, arrojar un firmamento doloroso a su creador,
Recordó los rostros sin saber los nombres, su paladar caía de a poco,
Recordó también que el frío lastima más que lo que arde y crepita,
Recordó cada tono que forma un latigazo y la brisa escarmentada,
Sus labios se unieron para no separarse jamás, su nariz poco importaba,
Imaginó un enorme ejército de felinos, imagino sus dientes transparentes,
Invadieron su nuca y su garganta un millar de palabras minusválidas,
Los músculos de su mandíbula nadaron hacia una costa de pezones,
Imploró, sin decir, que le dejaran dormir, nadie se animó a despertarlo,
Allí quedó.
Solo, tibio.
Inmóvil sobre la tierra, esperando a los hambrientos.

2 comentarios:

MaLena Ezcurra dijo...

El mejor cántico de navidad!


Maravilloso.



M.

Carlos Leiro dijo...

gracias cholita, un besooo

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