23 nov. 2016

Las paredes de mi casa tienen pelos,  pelos largos y tupidos no una pelambre insignificante, por mandato familiar debo cuidarlos y mantenerlos lisos y brillantes, por suerte no tienen caspa… aunque creo que eso tiene que ver con el cuero cabelludo, no estoy muy seguro, pero sí sé que no tiene caspa. Según la tradición familiar esto sucede porque en toda mi familia, desde tiempos que no conozco, se pelea arrojándose muebles y cuando pasa que una silla atraviesa la ventana, cerrada o abierta, en caso de estar cerrada hay que recoger los vidrios y arreglarla, decía que cuando una silla atraviesa la ventana los cabellos de las paredes crecen entre diez a quince centímetros.  Este método de resolver diferencias fue evolucionando, ahora se utilizan muebles más livianos y las ventanas están siempre abiertas aunque estemos en invierno. Se gasta un poco más en frazadas pero menos en vidrios rotos y arregladores de ventanas. La última discusión tuvo que ver con mi persona, mi abuela dijo en la mesa que yo era hijo del vidriero, de inmediato la facción de mi padre desato el conflicto arrojándole una mesita ratona a la cabeza de mi hermana menor, somos muy pobres para compararnos con montescos y capuletos pero es algo así, mucho encono. Al final no se sabe si soy hijo del vidriero pero aquí estoy recortando y emparejando y preparando la planchita… bueno la planchota.

Oriel Zolrak

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