1 sep. 2016

Las lágrimas afilaban las navajas, estas dormían aguardando la noche y las manos que jamás temblaban, entre las ropas contaban los pasos, el silencio, la quietud perfecta, la tibia mano, el relámpago, el tajo profundo, las piernas largas, el recuerdo del que fue, quizás el último latido. Lavadas, secadas, guardadas, aguardando seco el filo el regreso de las lágrimas

¿Qué piel preferirán las navajas? No lo saben cuándo es tiempo de lágrimas, tiempo de filos, tiempos de nada.

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