24 oct. 2010

Tres o cuatro veces abrí el cajón,
Sumé una mas a las cartas destrozadas,
No estaban rotas estaban masticadas,
¿Yo las mastiqué? ¿Con que dientes?
Mi boca se fue hace tiempo con las arenas volantes.
Siento que todo espacio entre las letras y mis ojos es corrupto,
Y Si debo llorar lo haré con los ojos bien abiertos bajo el río,
Escondido entre movimientos rectos la observé, no supo,
Un derrame de culturas calchaquíes me arrojó a la calle,
Compré una ginebra y muy despacio la vertí en el cordón,
Mil pensamientos se pararon, caminaron hacia la avenida,
Muchos de ellos me llevaban como a un borracho mal actuado.
¿Por qué los objetos pinchan? No quiero otra ducha espinosa,
Contraer la piel, pero cómo evitar los oídos espirales y tercos,
Otra vez la prisión, sus rejas de almohadas de pluma, su vaso de agua,
El cerrador de ojos ya está aquí, sonríe y avanza con sus manos litio,
Frente a mi, siempre le pido que yo los cierre, mi voluntad pido,
Me mira como un abuelo, y me hace sentir que yo los cerré.
Yo los cerré.

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