23 abr. 2009

Este caminito

El verde hizo los tajos,
Caminando llegue a mi pulgar,
Sigo mirando los dedos de mi mano confundidos,
Se frotan entre si, extraviados, y existiendo de pronto,
Sabiéndolo sin saber..
Y si dios se hubiera olvidado la piel,
O piel y musculatura se volvieran pequeño mar,
¿Pero como separas dos mares?
Absurdo, como cualquiera de nuestras caminatas.
Y el viento, amante o asesino, besa o mata,
Masticador de aromas lejanos,
Brillante jardín que suelta a veces leviatanes apestosos.
Camino nuevamente entre senderos de mi cuerpo,
Me detiene otro mar con tierra-lengua,
Sueño con el sabor desconocido de aquella que no fue,
Debería borrar esto y no lo hago.
Sueño, y siento el amargo que ataca a ciertos parpados,
Vuelvo a mi lengua, cucharita de palabras,
Inquietud del beso, caricia tibia de labios paspados.
Y si el grito es tendón que huye,
Una gaviota alocada escapada de terrible tormenta.
Grito, padre bestial del liviano susurro.
Allí, allí, si allí luchan desesperación y belleza,
Recuerdos en busca de oídos recién despiertos,
Palabras y engaños, casita frágil con cielo enorme,
Cuaderno y lápiz, lengua-dedo, mujer desconocida.

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