Llego su hora preferida. La escena dramática antes de entregarsu cuerpo a ese único y primer hombre
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Hay un sendero incomprensible entre mi pulgar y la planta de mi mano,
Pero acotamos el tiempo a nuestras vidas para que las lágrimas quepan en un jarro,
Pero una hoja que aguarda su otoño se vuelve maravilloso cielo verde,
Pero una hoja que aguarda su otoño se vuelve infinitud de senderos de savia,
Cielos y senderos pueden ser infierno paraíso, paraíso infierno,
Desesperados llamamos al acorralador de inquietudes,
Con reglas, escuadras y su espeso dogma,
El nos hace sentir que congrega a las estrellas bajo un tinglado,
Y que el incontenible azul profundo se debe cuadricular,
Sonreímos, dientes blancos frente a una vidriera abarrotada,
Sonreímos, al aire que tiene nombre y un precio respetable.
Y que del que sabe que un viernes no es bebible,
Y que del que desconoce suelo, cielo, pared, sendero.
Aquel que sabe que su vestimenta es robada,
Aquel que no sabe que hay entre pieles opuestas.
Nada,
Nada entre olas que arden y refrescan,
Nada hacia una costa vedada a su mirada,
Nada y nada, sin saber donde empieza y finaliza su cansancio.
¿Y cual es el borde de tu cabeza?
¿Y si no tiene bordes y tu cabeza atraviesa otras cabezas?
¿Si tu cabeza me roba un sueño que no recuerdo y lo hace suyo?
¿Y si tu cabeza le manda a mi pierna que rasque mi otra pierna mientras estoy distraido?
¿Y si tu cabeza almuerza sabrosas dudas de terceros?
¿Si tu cabeza origina una crisis matrimonial en una pareja que lleva 20 años de casados simplemente porque quería respirar por la oreja de la mujer?
¿Y si tu cabeza absorbe el shampoo para cabellos filosos y parafinados?
¿Y si tu cabeza defeca hormigas negras que me picaran mañana?
¿Y si tu cabeza rodea otra cabeza mayor y se deshilacha en el intento?
¿Y si tu cabeza transforma el dióxido de carbono en triglicéridos acumulables en mi espalda?
¿Y si tu cabeza tiene una lengua interior que relame recuerdos para hacerlos olvidos?
¿Y si tu cabeza flota hasta mi ojo y la pincho con mi pestaña postiza?
¿Y si tu cabeza come tres almohadas por noche?
¿Y si tu cabeza es la uña de un dios arrinconado?
¿Y si tu cabeza se cae hasta tu talón derecho y ves tus pasos hasta la puerta de tu casa?
¿Y si tu cabeza comparte el alquiler con el hombro de Roberto y los desalojan a ambos?
Y así hasta miles de millones de posibilidades más.
¿Y si la muerte es de colores?
Un pasillo más.
Pero hoy,
Un corazón arrancado con pincitas de acero bien pulido.
¿Y si este segundo cae por la ventana?
Un pájaro lento,
Pero hoy,
Una piel envejecida en el revés azulado.
¿Y si este sólido entorno es un mar?
Una ola sonrojada,
Pero hoy,
Una astilla viscosa va de mi talón al entrecejo.
¿Y si lo que amé brilla y brilla?
Un portón olvidado,
Pero hoy,
Mi lengua muerde mi garganta.
Pero hoy,
Pero hoy,
Pero hoy.
El mirrow
¿Contaste cuantos delfines rosas nos quedan en el rio?
Me quito el tiempo de mi piel,
Camino en el borde de un estornudo,
Trago un amazonas de saliva,
Y te miro, me miro.
Quizás eres superior por el silencio,
Asesino de narcisos y tulipanes blancos,
El tiempo rebana transparencias de mis ojos,
Alquilo un aguaviva y vidrio ingles,
¿Contaste los tigres que ya no duermen en Bengala?
Toco mil labios en una sola boca,
Intento arrancar una verdad al aire espeso,
A pesar de no fumar exhalo el humo,
¿Contaste los azules atunes en el norte?
Escapo de escapar así no escapo,
¿Dios esfera u hombre?
Carne te veo en tu sendero de vejez,
Morir, muero, moriremos, y vuelvo a patalear,
Pero con alas de cartón quemado y en silencio.
Morir, muero, moriremos, cepillo angustias y algún cometa,
Principio, fin, infinito, inentendible, antientendible,
Pero las ballenas varadas me siguen dando pena.
Mis dedos están tan lejos ahora,
Ni siquiera pueda escribir la historia de aquel loco que enviaba rosas a su amada desde un manicomio sin jardín,
Las estrellas no atravesaran el techo esta noche,
Tampoco la luna morderá mis oídos,
Pero la pena,
La pena en un corazón con vetas de metal hirviente.
La saliva siempre empeñada en mojar mi boca,
Mis pestañas tartamudas sin que yo lo sepa,
Mis uñas silenciosas ya han tomado vuelo,
Un silencio de rinocerontes asesinados uno a uno,
Las palabras se angostan y caen como hojas de un otoño antiguo,
Mis mandíbulas apretadas sin dios ni ciencia,
Un camello trozado va rumbo a una sopa,
Una pantalla eructa una realidad idiota
Y mis dedos siguen tan lejanos,
Mi piel, una autopista de impedimentos
Y para una mujer que existe y no existe
Soy invisible.
Cabellos y una mano,
Sigilosa como un atardecer de otoño se va formando la caricia,
Esa pequeña eternidad inquieta y dulce que detiene el tiempo,
Tiernas olas infinitas que los dedos van surcando como naves,
No hay voces, ni jadeos, solo el sonido de la ternura, si lo hay,
El calido aliento de la piel que detiene toda forma de abismo,
La muerte queda lejos cuando habla la caricia,
Las manos tejen y destejan amores desconocidos
Cabellos, dedos, campos, cielos, lirios, lunas
Cuando la caricia nace, cuando la caricia crece.
Si dios tomara una forma sería la de la caricia.
Entonces hoy no fue un día, ni un año, ni un siglo.
Mil espejos para mil rostros, y esa sonrisa
Que muestra los dientes cortantes, incisivos,
Que desgarran carne tres o cuatro veces por semana,
Y unos ojos que nos mienten tonos y colores,
Ese olor de ciudad espanto-luz y la piel de ella, ahora extraña.
Entonces hoy no fue un amanecer sino un cangrejo que vuelve al mar,
Hechizados mediodias lamidos por demasiados soles,
y una luna hecha de miel buscando el rostro de ojos grises.
Entonces hoy no fue un día, ni una nube , ni un escrito,
Tantas respiraciones, tantos golpes de corazón, tantos músculos tensos,
Una semilla de mañanas frías y atardeceres cortados con tijeritas muy chiquitas.
Entonces nunca se que es hoy, si el pasado del mañana o el futuro del ayer
Entonces hoy desperté encima mió, justo parado encima de mi cabeza. Me dolía la cabeza, ambas, la de arriba no se por que, la de abajo por el peso de mi mismo sobre mí.
Salí a caminar, siempre arriba de mi mismo, no sé cuales de mis mismos elegía el recorrido. No es fácil estar encima de uno mismo todo el día, especialmente a la hora del almuerzo. Mientras yo comía, yo, de arriba, miraba como yo, de abajo, comía. No hablaré del rostro de mi novia Eudoropola cuando me vio, “vos y tus locuras”, puso cara de culo y caminamos un rato del brazo, del de abajo, yo el de arriba observaba cuanta caspa tenia mi novia desde arriba, en el futuro le regalaría productos anticaspa. Nos despedimos, bueno el de abajo se despidió, mi novia se retiro corriendo y cantando bajo la lluvia.
De inmediato la gran discusión yoistica de quien va arriba y quien va abajo, de cómo será en le futuro, de porque siempre tan complejo, etc etc etc . En Callao y Las Heras o por ahí, imagínate el espectáculo.
No llegué a ninguna conclusión eficiente, ni concreta, volví a casa. Ambos parados en el centro de mi hogar sin dirigirnos la palabra y angustiado uno furioso el otro.
Llamé, no recuerdo si el de arriba o el de abajo, a 0600- desvaneceteya y me desvanecí, al despertar ya no estaba mas encima mío, volví a estar en unidad con mi mismidad, al menos cuerpisticamente hablando. Lo recuerdo hoy por que llego la cuenta del teléfono del 0600-desvaneceteya que quedo funcionando horas durante aquel desvanecimiento.
Que caro esta el teléfono.
Insomnios de pestañas
Una nube/alfiler,
Oscura y de lengua de horizonte,
Una ilusión vagabunda, estepa, y rocío,
La nube muerde, la ilusión jadea,
Un crucifijo de goma y un labio cortado en dos,
La nube arremete, la ilusión se parte y reparte,
Un reloj brillante y embustero,
La nube truena gritos y miseria,
La ilusión espera debajo de mil camas,
Un instante se disfraza de cotidiano tranquilo y risa,
La nube tritura la cola de los afirmadores rotundos,
La ilusión no se mueve, miedo y fiebre,
Yo no sé, tu no sabes, el no sabe,
La nube lame un mar y vuelve hambrienta,
La ilusión se oculta en la espuma,
Quizás porque es blanca,
Quizás porque es fresca,
Quizás quien sabe.
Un gato no es un andén lleno de extraños fantasmas que creen que van a trabajar duro,
Un gato está más cercano a un conjunto de espacios indivisos que contienen diversos infinitos bien picaditos a mano y con aroma a ocaso.
Podríamos pensar un gato como una gran mentira filosa de algún dios opaco que huyó hacia la mortalidad para morir y volver a ser dios.
Eso si, un gato jamás será un anuncio de calzado deportivo con piel húmeda y ardientes arenas desérticas,
Pero busquemos en el Nodiccionario de indefiniciones escrito por nadie y que me esta impedido leer, y allí no encuentro lo siguiente:
Acaso un gato, enemigo de charcos tenues y nubes rosadas, está siempre al acecho de una gota de sangre resbaladiza,
Acaso un gato, esa eterna mirada de “nunca sabrás nada”, se ha comido las primeras estrellas del cielo de un dormidor agotado de sueños y otros sueños.
El gato.
Tu gato.
Un gato.
Gato mío y si te regalo este montoncito de letras que ha salido de mis dedos ¿asombraras a las tinieblas nocturnas?