29 ago. 2011

Mi lengua y un ascensor, números lamidos y el espejo,
Claustrofobia cerebral… maldito cráneo… hueso salado,
Una mano impura, dios, blanco almidón y un paladar acuoso,
Un mártir deshaciendo ángeles idiotas, con agua fría,
Un “No entiendo” inmortal, las estrellas no son agujeros,
Debes inventar tu aire también el césped y el reloj,
Debes sentarte en un sartén tibio y esperar el fuego,
Debes lavar las huellas en el barro, con arena, con cal,
Me siento, me siento mal, me levanto, mi diafragma está listo,
Conversemos, tu boca está envasada, rumbo a un supermercado,
Recuesta tu cabeza en mis piernas, no imaginaré tus cejas, lo prometo,
El mármol y la mano ajada, los siglos,
Los siglos.

27 ago. 2011

Todas las gotas sobre la punta de la cabeza, pero él con la espaldita bien derechita.
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26 ago. 2011

Yo desconfió, él desconfía, tú desconfías, nosotros desconfiamos, vosotros desconfiáis, ellos desconfían

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24 ago. 2011

Te asesiné ayer, también un mes atrás, quizás tres años atrás,
Te asesiné con azúcar disuelta en miel, con excesos de saliva tragada,
Te asesiné con la sombra de un mantel, con un “clic” de no sé qué,
Después a bordar pezuñas con hilo de hielo, sin dedal, sin flor,
Después a juntar sábana dentro de sábana dentro de sábana,
Después, odio esto, contar océanos y lagos, océanos y lagos,
Finalmente, finalmente, no lo sé, no lo sé, no lo sé,
Antes de “Finalmente” no lo sé, no lo sé, no lo sé,
Antes de “Antes de “finalmente” no lo sé” no lo sé, no lo sé

22 ago. 2011

Le dijeron que era el Fenix pero pronto morirá y será cenizas por siempre

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18 ago. 2011

14 ago. 2011


“La boca que se come a si misma”


Revista Veintitres / Asterisco, Cultura al día (#231)

11 de Agosto 2010





Carlos Leiro incomoda. Y lo logra al decir verdades. Muestra un mundo individualista. Desde su lugar de Licenciado en alimentos y artista plástico, conjuga sus pasiones para tratar de generar preguntas en el otro. Muchas de ellas sin una aparente respuesta fácil. Nos obliga a corrernos de lugar, contestar y en esa respuesta vernos reflejados a nosotros mismos.

Podriamos decir que su viaje artistico empieza a través de su propia curiosidad. Motor y disparador para generar sus cuadros. Siente que aprendió toda la técnica para su licenciatura pero poco le enseñaron acerca de los aspectos sociológicos o psicológicos de nuestra relación con los alimentos. “Yo para ser tengo que matar al otro”, me dice Carlos, quien, lejos de ser vegetariano: disfruta de un buen asado. Su planteo no pasa por no comer carne, sino por tomar conciencia del sacrificio animal y lo distante que esta sociedad está de esa instancia.

Su arte es sincero. Muestra cuerpos demandados y exigidos. Utiliza pluma y tinta sobre papel. No hay prueba y error sino un camino que fluye desde su cabeza hasta su mano, con un trazo perfectamente definido. Su obra está influenciada por distintos estímulos visuales. Dibujitos animados (Ren y Stimpy, Tom y Jerry), la revista Moebius, el ilustrador Egon Schiele y sin duda el artista plástico Francis Bacon.

Uno de los protagonistas de los relatos visuales de Carlos es la boca: “Es el lugar que besa, muerde, dice y come. Es como la aduana. El límite, donde el otro pasa a ser vos. Tu tejido.” Plantea recuperar un respeto por lo que se va a comer: “Mas avanzada la sociedad, más lejos queda el sacrificio del animal de quien lo consume. De chico estaba la carnicería con la media res colgando y ahora vas al supermercado y tenés los cortes de carne en bandejitas”.

La manera en que el ser humano se relaciona con la comida visibiliza la falta de reflexión de la sociedad moderna. Y esto no solo lo ve con respecto a los alimentos sino también con la energía y la conciencia ecológica. “La economía internacional debería aceptar que los recursos naturales no son infinitos. Hoy estamos en el pico de consumo del petróleo, (con su aumento de precio) y el despilfarro en amontonamiento de autos y casas llenas de luces. Me pregunto cuánto tiempo más el ser humano podrá mantener esto?”.

Asiduo lector de Borges, Eco, Cortazar y Calvino, Carlos desea que el espectador de su obra genere su propia historia al ver sus cuadros. Legitima la simpleza de la tinta sobre papel desde el mismo lugar que expresa no gustar del “mega-arte”. Por una cuestión energética que siente que deberíamos ahorrar. Y ante las preocupaciones de sus amigos, que quieren internarlo por “loco”, le cito la frase de Louise Bourgeois: “El arte es garantía de sanidad”, recibiendo una carcajada de su parte.

Este es su planteo. Su obra puede verse hasta fin de mes en la sede de Belgrano de la Alianza Francesa. Sus cuadros valen la pena y como ocurre con el cine, si genera un debate la ganancia es doble.









CARLOS LEIRO

Alianza Francesa Belgrano

(11 de Septiembre 950)

Hasta el 31 de Agosto

lunes a viernes de 9 a 20 hs

Sábados 9 a 13 hs



+ info: www.carlosleiro.blogspot.c​om



11 ago. 2011

Cierro mis ojos


Un hombre dorado con paladar de madera, una calesita con luces y ruido infernal, un gato herido que cruza una calle, un casco de guerra invertido y salvavidas, rumores de soldados que te buscan, una chimpancé enfurecida con vientre lanza crema espesa, una playa con un niño flotando y muerto, un hotel negro y gigante, un Whisky añejado del años 743, ella en silencio y sin verme, una cruz de musgo, soldados de Belgrano volviendo derrotados, despedazar a un hombre que mató a un niño, la mano de gelatina, unos pezones que rozan orgásmicos, barra bravas de River dando vueltas a mi casa, un rostro de azafata quebrado, un cielo de avispas, sabor a metal frio, extraños gestos de un ser amarillo, un dedo en un volcán, una herida con hilo azul, orinar carne cruda, un caballo negro y finos tablones, osos polares buscando piernas, lodo fresco en una batalla, cielos en un embudo, guitarra de goma y Pink Floyd, azúcar color carne, dientes que se mueven en la garganta e intentan llegar al intestino, afeitando un color, pasos invisibles sin sonido, y… y… y…


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