26 jun. 2006



Por eso digo, cada uno en su planeta y listo. Si querés hacer pruebas nucleares las hacés, si querés talar todos los árboles los talás y a la mierda y listo.

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Aca amigos del tango perisfoliatico iba un dibujin , me la pase todo el puto domingo intentando subirlo y saben que.... Non Funcaaaaaaaaaaaaa!!!!!!! Mañana sera otro día!!!!!!!! y espero ponerlo donde corresponde. Ahhhhhh anoche soñé con Guillermo Vilas , con vincha y todo y con un Kiosco de revistas taxi que andaba por un Miramar raro. Pudeeeeeeeeeee!!!!!!!!!!

25 jun. 2006

Jamón, jamón

La llegada a un nuevo país implica adaptarse a nuevas costumbres, otros hábitos, es decir a una nueva cultura en su conjunto. Sobre todo esto se ha teorizado bastante, pero hay aspectos que golpean más en lo cotidiano y que no aparecen en los libros... Por ejemplo, el tema de la comida. Y como es verdad que los argentinos somos mundialmente conocidos por la carne -en Europa no se consigue-, también es cierto que hay costumbres que suponemos totalmente internacionales y en realidad no lo son.
Yo recuerdo haber visto ET, el extraterrestre, allá por 1985 y asombrarme de que pidieran una pizza por teléfono y se la llevasen a la casa de Elliot. Claro, en Argentina no existía aún a entrega a domicilio masiva; con suerte encargabas algo en la rotisería e ibas a buscarlo al rato...
El tema es que en las principales ciudades de España, prácticamente no existe la entrega de comida a domicilio, con la excepción de algunas pizzas (que suelen ser bastante malas y carísimas). Se dice que en una época, hubo una empresa llamada "Telebotellón" que entregaba alcohol a domicilio, pero luego, con las leyes con respecto al consumo de bebidas, lo cerraron.
Y si a todo esto sumamos que los supermercados de barrio cierran al mediodía y los domingos no abren, el tema de la comida para un recién llegado es algo a considerar: si te olvidás de hacer las compras un sábado, difícil cocinar algo en tu casa o pedirlo un domingo...
Parece una tontería, pero no lo es: en Barcelona, que está poblada de compatriotas, ya hay un negocio, llamado -cómo no- Empanadas argentinas, cuyo logo recuerda al del noticiero de cine Sucesos Argentinos, que entrega a domicilio y por toda la ciudad, empanadas fritas, milanesas y supremas. No lo hace a caballo y a veces una brasileña contesta el teléfono, pero la comida es rica y los precios son accesibles, es decir, todo un hallazgo.
Y si bien el famoso jamón de España es buenísimo, pasarán unos cuantos meses antes de que se pueda acceder al mejor de ellos...
Los supermercados no suelen tenerlo, hay que ir a "charcuterías" o secciones de "delicatessen", con lo cual no se da una inmediata sustitución de la carne por el jamón.
Volviendo a los hábitos argentos, por suerte la yerba ya es más fácil de encontrar y además, bajó de precio; en el 2002, llegué a pagar 8 o 9 euros por un kilo de Taragüi (¡por favor, no hagan la conversión a pesos, claramente es una fortuna!). Encima había que ir hasta una herboristería que quedaba muy lejos, donde la exhibían como producto exótico. (¿Alguien se acuerda de las peripecias de Oliveira, el protagonista de Rayuela de Julio Cortázar, para conseguirla en París?) Pero no todo está perdido: yo tengo una amiga a la que a fin de año, la empresa donde trabaja le regala una pata entera de jamón de Jabugo, el mejor de todos. A mí, en lugar del jamón, me regalan un décimo de la lotería nacional. A lo mejor algún fin de año la sacamos y podemos cambiar el menú o, mejor aún, volver al terruño.

Gabriela Pedranti , Editora de www.aroundbarcelona.com

24 jun. 2006

Aunque nunca lo leas

Azul, azul violento y continuo,
espesura de mil diluvios encadenados a la oscura fosa.
Aquel infinito liquido de sal que grita silencios de Barcos secos.
Aquel Azul que sueña un sueño de creadores de músculo y tendones.
Acaso hay una mujer de ojos de abismo que es la musa de ese océano inquieto.
Acaso el mar se originó solo para sentir el recuerdo de tus pies sobre su arena.
Acaso cada ínfima gota fue abrazándose lentamente para sentir tu sabor, mujer de Isla.

22 jun. 2006


Un ojo que vio demasiado salió volando hacia la luna, se enamoró de una piedra pero vino Neil Amstrong y se la robó. Ahora en la luna , creo, que escribe tangos, creo que con una pestaña que usa como pluma

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21 jun. 2006


Hay cuchillos invisibles que andan por el mundo y a veces apuñalan fiero. La sangre de las heridas de los cuchillos invisibles tiene olor a mosca exprimida y es invisible también.

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20 jun. 2006


Tienes la mano al revés. Pero no te preocupes en otro papel te regalaré un espejo de manos.
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18 jun. 2006


Político, sexagenario, padre de familia ejemplar, limpio, inteligente, 7 asesores de imágenes y la sospecha de todo un país. Además desnudo.

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16 jun. 2006

No Hoy yo

Una boda que es palabra y el silencio
de tantos cuerpos demasiados.
Una entraña repta y repta en esa habitación
de techo de esternón.
Un estrangulador de humos
Unos recuerdos secos son alfombra de esos
pies áridos sin zapatos con cordones
Un dedo que busca la letra
Ojala la saliva fuera mar que transforma
Inmensas rocas en aren itas
El extraño espacio hueco que recorre mi garganta
Y el no buscador de floresnubes se sienta
De espaldas al océano
No voy a colocar el punto y aparte
Que va al final
No hoy

13 jun. 2006

De Sir Ladislao Esteban

Decirle ese poema no escrito en un sol de palabras quietas.
Decirle a una Luna suave que suspira con sed de medianoche.
Decirle que piel, sobre su piel, sobre su piel, y estrellas.
Decirle mudas palabras ciegas de mi boca hechizada por tus ojos negros.
Decirle solo que ojala cada mañana un ángel transparente bese tus despertares.
Decirle que despiertes vida, arena, esperanza, risa, luz.

11 jun. 2006


Y terminó sus días como un genio... pero metido en una botella de una gaseosa de afamada marca. No era muy dado a conceder deseos

9 jun. 2006


Esa mano atrofiada que vivió en esa posición desde hace años renació un día, se estiró mas allá del cielo, acarició la luna, y se quemo con el sol, luego volvió a su posición a esperar su próximo despertar.
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6 jun. 2006


Las viejas
Las viejas


“No, Concepción, es non c´elo!,” gritaba alguna desde el fondo del aula, intentando desafiar la sordera de la otra. “¿Cómo?” exclamaba Concepción sin entender nada y ajustando sus anteojos mientras abría los ojos, tratando de imaginarse remotamente qué significaba lo que decía la hoja que tenía enfrente, mientras su abultada cabellera se agitaba, a pesar de los litros de spray que visiblemente contenía. Mientras tanto, la professoresa (que dicho sea de paso, podría haber sido la nieta de cualquiera de sus alumnas) intentaba un tímido “Shhh” para conseguir el silencio que debería rodear todo examen. Era inútil. Todos los meses tomaba una prueba, y todos los meses sucedía lo mismo. A partir de agosto, desistió y dejó que se copiaran sin hacer comentarios. De todos modos, reconoció, nunca me deben haber escuchado. Las viejas asistían a su clase de italiano los martes y jueves de 16 a 17 horas. Viejas del barrio, que iban sumando amigas y conocidas a la clase, con sus recomendaciones en el mercado (“No sabés qué buena es la profesora”, “Jovencita pero sabe mucho”, “Y el libro tiene dibujitos muy claros…”). Las demás viejas no se hacían esperar: robándole una hora a la siesta, se iban a la calle Tucumán, con el librito amarillo bajo el brazo, y un cuaderno Rivadavia como los que deben haber usado cuando cursaban primero inferior. Alguna de ellas, de vez en cuando, sentía la honorable responsabilidad de aconsejar a las esporádicas alumnas jóvenes que intentaban estudiar italiano en esa clase. “¿A qué te dedicás, querida? Ah, ¿estudiás? Yo también estudiaba. Me anoté en Derecho…” Ante la tímida suposición de la interlocutora (“¡Qué bueno! ¿Quería ser abogada…?”), la respuesta –con una expresión mezcla de asombro y “entendiste todo mal, querida”- no se hacía esperar: “¡No! Me anoté en Derecho porque buscaba marido… podría haber sido Ingeniería, también”. Y el remate explicaba porqué ningún hombre ni ninguna mujer de menos de sesenta integraba esa clase: “Claro, cuando conseguí novio, dejé”. Mientras la vieja sonreía con superioridad, la nueva alumna abría los ojos y se escuchaba un resignado suspiro de la profesora. Sin dudas, la nueva alumna no volvería nunca más. Charlando sobre sus vidas en un cocoliche indescriptible, las viejas la pasaban bien. Un día una de ellas, la chilena, anunció que se volvía a su patria. Entre besos, saludos y pañuelos prolijamente bordados que secaban alguna lagrimita, la chilena, llena de fervor patriótico, sacó de su cartera una enorme botella de pisco, que procedió a servir en pequeños vasitos plásticos. La profesora, azorada, sólo alcanzó a decir “A Lidia no le sirvan, está medicada”. Todas asintieron, mientras Lidia seguía en su mundo, sin enterarse de lo que pasaba a su alrededor. Esa tarde salieron del aula con los chachetes rosaditos y los ánimos alegres.Sin embargo, y a pesar de las particulares condiciones de su clase, las viejas triunfaron. Bueno, casi todas. Al fin del curso, Concepción no pasó a segundo año, pero no le importó demasiado. Unos meses después, se la vio por el barrio con un librito azul de francés y un nuevo cuaderno Rivadavia, forrado con papel araña rojo. Cuento de Gabriela Pedranti, entre otras cosas hacedora de http://www.aroundbarcelona.com/

Desde que injertó esas aceitunas verdes rellenos con morrones
bien podridos en su cerebro su rating aumento en 3,5 puntos.

4 jun. 2006


Hay un hombre que conoce todas las respuestas...
Lo que no sabe es a que pregunta corresponde cada respuesta.
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