4 jun 2010


Cada Noche atravesaba con su rígido puño ese cuerpo-alma tan vapuleado. En cada incursión, llamémosle así a esta acción, recogía en su puño algún pedacito de tiempo.
A veces 1 o 2 minutos, otras varias horas. Una vez un brillante, colorido y gelatinoso pez fue hallado, como se debe en estos casos él lo devolvió a su áspera, dulce y espumosa alma.
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1 comentario:

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